El Teatre Nacional de Catalunya nace con el objetivo básico de consolidar una oferta teatral de alta calidad tanto a nivel nacional como internacional que, desde la
capacidad de riesgo estético y la voluntad de servicio propia del teatro público, complete un panorama teatral caracterizado por la creatividad y la riqueza de sus iniciativas.
Las actividades del Teatre Nacional de Catalunya se inauguraron en el espacio de Tallers el 12 de noviembre de 1996 con el estreno de Àngels a Amèrica. El mil·lenni s’acosta,
primera parte de la trilogía del escritor norteamericano Tony Kushner. El hecho significó la culminación de un largo proceso que se inició a principios de los años ochenta a raíz de los
contactos establecidos entre el consejero de Cultura, Max Cahner, y el actor Josep Maria Flotats, por aquel entonces vinculado a la Comédie Française. Del resultado de las reuniones, y
con el reconocimiento y el aval personal de Jordi Pujol, presidente de la Generalitat de Catalunya, surgió la propuesta de encargar la creación y la organización del futuro Teatre
Nacional de Catalunya a Josep Maria Flotats. Sin embargo, antes de su consecución, Josep Maria Flotats, que representó Dom Juan con la Comédie Française en el Gran Teatre del
Liceu el 23 de abril de 1983, creó una compañía propia, subvencionada por la Consejería de Cultura, que se dio a conocer con Una jornada particular, de Ettore Scola, en el Teatre
Condal en 1984. Entre 1985 y 1994, la compañía se instaló de manera estable en el Teatre Poliorama, recuperado como Teatre Català de la Comèdia, donde realizó dieciocho producciones
propias además de una coproducción, y contó con la presencia de veinticuatro compañías invitadas con un resultado total de 2.046 funciones y 761.405 espectadores.
El proyecto de construcción del edificio que ocupa en la actualidad el Teatre Nacional de Catalunya fue aceptado y aprobado por el gobierno de la Generalitat de Catalunya en 1988 y
encargado al arquitecto Ricardo Bofill. En enero de 1990 Josep Maria Flotats presentó el libro Un proyecto para el Teatre Nacional, donde fijaba las líneas maestras de su
actuación en clara sintonía y correspondencia con el trabajo realizado por su compañía en el Teatre Poliorama. Así, partiendo del supuesto de una compañía estable y con el pleno uso de
las dos salas (la Sala Gran y la Sala Petita), Josep Maria Flotats señalaba cuál era la «palabra clave» de la actividad del Nacional: la alternancia de producciones (clásicas y
contemporáneas); la alternancia de los papeles; y la alternancia de los géneros en la confrontación de disciplinas artísticas (danza, música, canto, marionetas, circo, mimo,
audiovisuales, happennings, performances...) y de las alternativas estéticas.
Una vez derogado el cargo de comisario del proyecto del Teatre Nacional de Catalunya, que Max Cahner ostentó entre 1985 y 1992, Flotats asumió la máxima responsabilidad del proyecto. En
la fase ya final del edificio, en marzo de 1995, el gobierno de la Generalitat de Catalunya nombró a Josep M. Busquets como administrador general y a Josep Maria Flotats como
director-fundador del Teatre Nacional de Catalunya con la función de dirigir todas las actuaciones necesarias para la puesta en marcha del Teatre Nacional y su gestión posterior. El mes
de junio de 1995 se constituyó la sociedad anónima Teatre Nacional de Catalunya, SA, que tenía como objeto social concebir, desarrollar y producir todo tipo de espectáculos escénicos,
prestando especial atención a las obras originales en lengua catalana; representar las obras teatrales producidas por esta sociedad y otras producciones; organizar manifestaciones
artísticas y culturales diversas relacionadas con las artes escénicas; diseñar y construir todo tipo de elementos escenográficos tanto para uso propio como para terceros; hacer
reproducciones audiovisuales y grabaciones de audio, y editar textos relacionados con las artes escénicas.
La inauguración oficial del Teatre Nacional de Catalunya, el 11 de septiembre de 1997 con L’auca del senyor Esteve, fue precedida de un parlamento del director–fundador, Josep M.
Flotats, que se consideró polémico.
A pesar del revuelo mediático que se produjo, Josep Maria Flotats organizó y cerró las actividades de la primera temporada completa del Teatre Nacional de Catalunya el 30 de junio.
Paralelamente, el 23 de septiembre de 1997, se encargó a Domènec Reixach que elaborara un nuevo proyecto para el Teatre Nacional de Catalunya, y empezó a preparar la segunda temporada del
TNC desde la dirección del Centre Dramàtic de la Generalitat, en la que sería la última temporada de esa institución.
El 17 de diciembre de 1997, Domènec Reixach hizo públicas las Líneas de actuación para el Teatre Nacional, elaboradas conjuntamente con un grupo de colaboradores, una vez
presentadas y aprobadas por el Consejo de Administración del Teatre Nacional de Catalunya, y por la Mesa de Coordinación Teatral, constituida por representantes del Departamento de
Cultura y de los sectores profesionales (los empresarios, Adetca, las compañías, Ciatre, y la Associació d’Actors i Directors Professionals de Catalunya), y que se había creado a finales
de septiembre de 1997 a raíz de la situación provocada por la desestimación del contrato de Josep M. Flotats. A finales de la temporada 1997/1998, y después de diecisiete años y ciento
once días de funcionamiento, los servicios técnicos y administrativos del Centre Dramàtic de la Generalitat fueron integrados dentro de la estructura del Teatre Nacional de Catalunya,
cuando Domènec Reixach asumió su dirección el 1 de julio de 1998.
En diciembre de 2003, la nueva situación política creada con la constitución del nuevo gobierno sentó las bases para la apertura de una nueva etapa de futuro en el Teatre Nacional de
Catalunya. Josep Maria Busquets abandonó el cargo de consejero delegado de la sociedad anónima Teatre Nacional de Catalunya, SA, que ocupaba desde junio de 1995, y en marzo de 2004 fue
nombrado Joan Francesc Marco. El 17 de noviembre de 2004, el Consejo de Administración del Teatre Nacional de Catalunya aprobó el documento Por una nueva etapa. Por un lado, el
texto recoge la trayectoria desde los inicios del TNC y, por el otro, apunta los objetivos para una nueva etapa que contará con Sergi Belbel como director artístico del Teatre Nacional de
Catalunya a partir de la temporada 2006/2007.
En marzo de 2007, Alfred Fort asumió el cargo de Administrador General del Teatre Nacional de Catalunya, en sustitución de Joan Francesc Marco. Fort entra en el TNC con el objetivo de
administrar recursos humanos y económicos, buscando, sobre todo, aumentar la entrada de recursos externos que permitan mejorar la autofinanciación del Teatro.
En marzo de 2009, el Consejo de Administración del Teatre Nacional de Catalunya valora positivamente el trabajo de Sergi Belbel como Director artístico del TNC y decide renovar su
contrato cuatro años más, hasta 2013. Sergi Belbel afronta esta segunda etapa con el objetivo de ampliar y diversificar el público del teatro con propuestas que transmitan el mensaje
cultural a la ciudadanía.