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Per començar, Sarsuela!

  • Sala Gran
  • 02/10/2014 al 05/10/2014

Arias, romanzas, dúos y escenas cómicas de zarzuelas de Nicolau Manent, Felip Caparrós, Joan Dotras, Ramon Ferrés, Francesc Montserrat Ayarbe, Manuel Blancafort, Anton Gordón, Enric Morera, Càndida Pérez, Joaquim Serra, Enric Daniel y Rafael Martínez Valls. Un viaje por algunos de los momentos más esplendorosos de la zarzuela catalana, que en muchos casos permitirá que sus riquezas suban a un escenario por primera vez. A FONDO A partir de 1850, cuando los cambios demográficos empiezan a transformar a Europa y preparan el terreno para una futura cultura de masas, se desarrollará un tipo de teatro con partes cantadas y partes habladas que en la península ibérica se llamaría «zarzuela», mientras que en las latitudes más septentrionales será conocido con nombres como «opereta», «music-hall» o «Singspiel». Este fenómeno democratizará el interés por el género lírico, en un momento en que la ópera refleja sobre todo los códigos de representación de unas elites sociales muy determinadas. La zarzuela catalana es una frondosa isla de tesoros escondidos. El género también disfrutaba de una importante vitalidad en los escenarios barceloneses, a pesar de que una gran mayoría de estas joyas aún esperen a ser desenterradas, y que haya una cuantas que incluso esperan a ser estrenadas por primera vez. Si queremos hacer justicia a nuestro patrimonio escénico, debemos entender que la zarzuela no es solo un género en castellano, sino que también se expresa en catalán y su voz olvidada es una de las víctimas más injustas de la amnesia que ha tenido demasiado a menudo la historia del teatro de este país. Un viaje por algunos de los momentos más esplendorosos de la zarzuela catalana, que en muchos casos permitirá que sus riquezas suban a un escenario por primera vez. No creo exagerado afirmar que la zarzuela fue el movimiento artístico de mayor dimensión y arraigo social de la cultura española. [...] A diferencia de otros géneros musicales de ámbito más restringido o excluyente —la ópera cortesana, el flamenco, el romancero popular, la polifonía renacentista...—, la zarzuela impregnó todas las clases sociales. Unió, como ningún otro y durante nada menos que cien años, a aristócratas y obreros; a monjas y anticlericales; a liberales y conservadores… José Luis Temes, El Siglo de la Zarzuela. 1850-1950 PROGRAMA L’euterpense Música: Nicolau Manent Estrenada en Barcelona en los Camps Elisis en 1864 Fantasía sinfónica sobre motivos de Josep Anselm Clavé A posta de sol Música: Nicolau Manent / Letra: Frederic Soler Estrenada en Barcelona en el Teatre de Novetats en 1871 Zarzuela ambientada poco antes de la revolución de setiembre de 1868, que derrocaría a la reina Isabel II. Una pareja que está a punto de casarse deberá retrasar la ceremonia porque el novio se ofrece para salvar a un líder liberal que se disponía a organizar una bullanga, llevándolo a su barco, lo que otro pretendiente de la muchacha intentará aprovechar para asesinarlo bajo la apariencia de un accidente marítimo. - Aria de soprano (Roques negres, grans d’arena…) Si us plau per força Música: Antoni Gordon / Letra: Serafí Pitarra (pseudónimo de Frederic Soler) “Gatada” en la que un viejo soltero se niega a casarse con una viuda que lo requiere, y deposita su bienestar en la promesa de dejar una cantidad de dinero diaria como herencia a su servicio por cada día que viva, lo que provoca un peligroso exceso de celo medicinal en los cuidados de sus criados, que se obsesionarán enfermizamente por la herencia que les depara la futura muerte de su amo. - Aria de soprano (Quan jo surto per la Rambla…) La revolta Música: Felip Caparrós / Letra: Víctor Móra Estrenada en Barcelona en el Teatre Nou en 1930 Episodio lírico ambientado en 1842, que teatraliza la revuelta de Barcelona que se enfrentó al general Espartero, quien acabó bombardeando la ciudad de Barcelona desde la montaña de Montjuïc. Los protagonistas de la pieza, obreros de L'Hospitalet, acabarán asaltando La Ciudadela para liberar a uno de sus compañeros, encarcelado por las fuerzas de la Regencia. - Romanza de tenor (La pols del camí...) La Paula té unes mitges Música: Enric Morera / Letra: Lluís Planes de Taverner Estrenada en Barcelona en el Teatre Victòria en 1924 Zarzuela que muestra la historia de Paula, vendedora de los Encantes Viejos de Barcelona, delante de la actual Lonja, que decide prostituirse para conseguir tener dinero, y del «Maco», su pretendiente. Este, al perder a la enamorada debido a su situación social, pasa de ser un perdulario a establecerse como tendero, hasta que tendrá la capacidad económica para sacar a la muchacha de la prostitución. - Escena cómica (Visca en Peroi!...) Pieza coral para cantar la gracias de Peroi, un torero hijo de  Reus de fama mundial. - Aria de soprano (La dona és una nina…) Pauleta confiesa al Guapo que no lo puede querer porque él es pobre y ella solo quiere ser rica. La meva rosa no és per a tu Música: Enric Daniel / Letra: Alfons Roure Estrenada en Barcelona en el Teatre Nou en 1937 Opereta bufa ambientada en una época indefinida en la ciudad de Birosta, capital del reino eslavo de Regalèssia, que vive en un estado de crispación social y política creciente, mientras su aristocracia se dedica a coquetear con las  «sirenas» del muelle y a visitar los antros más famosos de la ciudad. - Romanza de barítono (Com que m’atrau el bon gust del vi…) Declaración de intenciones del príncipe en un país donde la única norma es el desenfreno. - Escena cómica (La dona que vol ser-ne policia...) Irónica reivindicación feminista. Pasqua Florida Música: Càndida Pérez / Letra: Rossend Llurba Estrenada en Barcelona en el Teatre Tívoli el 1922 Sainete lírico-dramático de consumismo amable que muestra algunos hechos de la vida de un barrio barcelonés a lo largo de un año, a través de diferentes fiestas populares. - Cuplé (El fill de l’adroguer… La legió d’honor Música: Rafael Martínez Valls / Letra: Víctor Móra y Lluís Capdevila Estrenada en Barcelona en el Teatre Nou en 1930 Zarzuela ambientada en la Primera Guerra Mundial, en un pueblo de Normandía habitado prácticamente solo por mujeres, que con la aparición de un regimiento pronto se emparejarán con los diferentes soldados. Los conflictos entre las parejas no tardarán en producirse, pero se resolverán cuando llegue el final de la guerra. - Romanza de tenor (Sota terra...)   Reflexiones de un sepulturero en medio de la crueldad de la guerra. - Dúo cómico (Ai negre!...) Declaración de amor entre Madalena y Trabuc, un soldado negro. - Romanza de barítono (Noia que vas a muntanya…) Canción de carácter popular advirtiendo a la mujer de los peligros del amor. La falç al puny Música: Manuel Blancafort / Letra: Lluís Capdevila y Rafael Homedes Estrenada en Barcelona en el Teatre Nou en 1931 Zarzuela de marcado tono político, con un trasfondo de luchas entre liberales y absolutistas, que muestra cómo un amo que trata de manera tiránica a los segadores que trabajan para él acabará recibiendo un lección de ética que servirá para denunciar las injusticias de la clase propietaria hacia sus subordinados. - Dúo cómico (T’has espantat?...) Boris d’Euskàlia Música: Rafael Martínez Valls / Letra: Artur Suárez y Jordi Campmany Estrenada en Barcelona en el Teatre Nou en 1936 Opereta ambientada en el imaginario reino de Euskàlia, donde su rey Boris —demócrata preocupado por dar al reino paz, trabajo y libertad— está a punto de sufrir un complot para asesinarlo, mientras toda su corte se esforzará por ocultarle la multitud de miserias que asolan el reino y  los movimientos conspiradores. - Escena cómica (Majestat, majestat, majestat…) El rey Boris de Euskàlia espera de sus ministros las propuestas para mejorar el bienestar de sus ciudadanos. Estos ministros, sin embargo, entienden la gestión pública más preocupados por su bolsillo que por la calidad de vida de los súbditos del reino. Les noies de l’Estatut Música: Francesc Montserrat Ayarbe y Ramon Ferrés / Letra: Víctor Móra Estrenada en Barcelona en el Teatre Nou en 1934 Sainete barcelonés ambientado el día de la proclamación del Estado Catalán en 1934 por parte de Lluís Companys, poco antes que empiece la manifestación organizada por la Alianza Obrera que se dirigirá a la plaza Sant Jaume. En un bar donde los bañistas van a refrescarse, una serie de personajes de diferentes orígenes (un industrial que ha hecho el himno al Estatuto, un obrero madrileño, una valenciana...) se preparan para asistir a la manifestación. El dúo escogido es una parodia de la célebre Mazurca de las sombrillas de la zarzuela Luisa Fernanda. - Dúo cómico (Allà a la platja mig despullades...) Tempesta esvaïda Música: Joaquim Serra / Letra: Carme Montoriol Estrenada en Barcelona en el Teatre Nou en 1936 Comedia lírica que ofrece una visión poética de la vida marinera. En un pueblo del litoral catalán, el retorno de un marinero que había estado enamorado de una muchacha que ahora está casada conmocionará la vida de la hermana pequeña de esta, que tras un intento de suicidio por celos, verá disiparse la tempestad de su corazón cuando su amor sea finalmente correspondido. - Aria de soprano (Per què aquesta angoixa?...) La Pinxeta i el noi maco Música: Joan Dotras / Letra: Salvador Bonavia y Emili Vendrell Estrenada en Barcelona en el Teatre Victòria en 1946 Sainete melodramático ambientado en una plaza de la Barcelona vieja a inicios del siglo XX, espacio de encuentro de los matones de la ciudad, junto con los trabajadores de una fábrica y las cupletistas del Pay-Pay. Pinxeta es una muchacha de la calle que se verá arrastrada por una serie de líos provocados por los intentos de un notario de aprovecharse de ella, y por su entorno amoroso cargado de celos y de todo tipo de maltratos. - Escena cómica (Aquesta americana…) LA ZARZUELA CATALANA Mientras las burguesías europeas descubrían en el género de la ópera la posibilidad de confluir con los gustos estéticos de la vieja aristocracia, y al tiempo diferenciarse de ella explícitamente gracias a la progresiva implantación de nuevos modelos —Verdi y Wagner— que en cierto modo desplazaban del centro operístico a los antiguos referentes, la nueva sociedad de masas tomaba cada vez más fuerza en todo el continente. A mediados del siglo XIX, las grandes ciudades europeas habían vivido unos espectaculares aumentos demográficos que afectarían las respectivas configuraciones urbanísticas —especialmente por lo que se refiere a la absorción de los pequeños núcleos urbanos que las rodeaban— y que determinarían también la vertiginosa aparición y consolidación de un nuevo teatro musical, con partes habladas y partes cantadas. En la península ibérica este nuevo teatro musical adoptaría, entre muchos otros apelativos, el peculiar nombre de «zarzuela», retomando un término caprichoso que hasta entonces se había utilizado en España desde el siglo XVII de una manera nada generalizada para referirse a un teatro musical vinculado a los gustos de la corte, la cual se encontraba situada en el Palacio de la Zarzuela (llamado así por las zarzas de la zona). El afán de los nuevos ciudadanos de la sociedad de masas incipiente, que consolidarían las artes escénicas como templo de su identidad, privilegiando especialmente el teatro musical, confluyó con las inquietudes artísticas de una joven generación de compositores que se propondría refundar desde una perspectiva local el género operístico, y que pronto trabajaría para construir una lírica «nacional» a partir del género de la zarzuela. Este sería bastante heterogéneo para dar respuesta a diferentes tipos de manifestaciones, tanto cultas como populares, y por tanto sería proclive a dar cobijo de manera general a un amplio abanico de denominaciones imprecisas, que a veces cambiarían sobre la marcha (sainete lírico, balada, juguete lírico, cuadro cómico, opereta...). El baile de nombres para designar el género respondía a la naturaleza polifacética de una manifestación cultural nacida del nuevo contexto sociológico, y a la vez daba fe de las reticencias a la hora de aceptar un término que en cierto modo había sido impuesto por el círculo de compositores madrileños liderados por Barbieri que se atribuían a sí mismos la creación del género. A pesar de la naturaleza claramente sociológica de la zarzuela, que mostraría una sorprendente agilidad en la adopción de nuevas formas según los gustos cambiantes de su público, las iniciativas para convertir el género en emblema de los diferentes nacionalismos culturales se sucedieron tanto en el ámbito español como en el catalán. Ya desde el principio, de hecho, en Cataluña se hicieron esfuerzos en este sentido, comenzando por la comisión que se creó en el Teatre Odeon para promover la zarzuela catalana, con numerosos compositores locales, acompañados del libretista y empresario Luis de Olona —que se había instalado en Barcelona después de haber sido miembro de la Sociedad Artística, aquella que se había propuesto fundar el género en Madrid en 1850. Dos iniciativas muy importantes también en este sentido fueron la temporada estable de teatro lírico en catalán en el Teatre Tívoli que dirigió Enric Morera en 1901, y la programación de los Espectacles-Audicions Graner por parte de Morera y Adrià Gual entre 1905 i 1907, iniciativas que, sin embargo, no prosperaron mucho en el tiempo a pesar de su innegable vocación artística, quizás demasiado alejada de los gustos populares que harían que un compositor como Enric Morera, con más de cincuenta piezas líricas de inspiración modernista, encontrara sus dos mayores éxitos en sus dos piezas de inspiración más popular, estrenadas en el Paralelo, Baixant de la font del gat y La Paula té unes mitges. La historia de la zarzuela, pues, es en cierto modo la historia de la articulación de la nueva sociedad de masas, que encuentra en los espacios de ocio uno de sus principales elementos idiosincráticos y un importante articulador político de los nuevos nacionalismos culturales. Así, el género nacería en el mismo momento en que se construirían los grandes ensanches urbanos —que en el caso de Barcelona darían lugar a los jardines del Paseo de Gracia— y proliferarían los bailes públicos, los parques de atracciones o los fuegos de artificio, para tener un último momento de esplendor de manera simultánea a la eclosión del cine y al acceso del proletariado industrial a las principales formas de entretenimiento —que en el caso de Barcelona encontraría en la avenida del Paralelo un epicentro indiscutible. El continuo diálogo escénico entre Madrid y Barcelona a medianos del siglo XIX favorecería que en Cataluña enseguida se adoptara el término «zarzuela», y que las principales producciones madrileñas visitaran la Ciudad Condal. En la sociedad catalana urbana proliferó un costumbrismo de raíz catalana que permitiría que la nueva sociedad acogiera masivamente aquel nuevo teatro musical en catalán; un catalán no normativo y alejado de las afectaciones puristas que promovían los cenáculos burgueses y de los Juegos Florales —principalmente en castellano y limitando el uso del catalán a la poesía. Esta lengua tosca, popular, que se identificaba como «catalán que ahora se habla», fue, sin duda, la clave del éxito de aquellas manifestaciones, que caerían en el olvido décadas después, desdeñadas por unos cánones estéticos deudores de aquella Renaixença burguesa, los cuales articularían con gran éxito el imaginario que predominaría durante el último siglo en la cultura catalana. Este arrinconamiento de la importancia de la eclosión de la zarzuela en catalán en los años 60 y 70 del siglo XIX, sin el cual la cultura catalana moderna seguramente ahora no hablaría catalán, fue parecido al injusto olvido que sufrió la zarzuela catalana desde los años 20 y 30 del siglo XX, que se concentró esta vez en el entorno de la avenida del Paralelo. En efecto, aunque las primeras manifestaciones del género en Cataluña aparecen sobre todo gracias a las programaciones de los dos coliseos operísticos, el Teatre Principal y el Liceu, la popularidad del género explotará en los jardines del Paseo de Gracia, cuando se adopte el catalán como lengua teatral y en poco más de dos años pase a ser predominante en los escenarios de la ciudad, tras un largo dominio del castellano como lengua habitual, junto con el italiano y el francés. De forma parecida, las zarzuelas, los dramas realistas sobre la gente del vicio y los vodeviles del Paralelo de los años veinte y treinta, construirán un puente cultural entre la cultura en lengua catalana y las multitudes de origen catalán que habían inmigrado a Cataluña, de modo que no solo actuarán como un nuevo espacio de representación colectiva (en el que el teatro musical será imprescindible), sino que también acercarán la lengua catalana a un público que no tenía el catalán como lengua materna. No es de extrañar, pues, que un cupletista y libretista como Rossend Llurba trabajara desde una gran conciencia en el ámbito de la promoción lingüística, o que un productor como Manuel Sugrañes reivindicara aquel teatro de clara identificación barcelonesa como uno de los principales constructores del panorama teatral catalán, a menudo vilipendiado por los creadores de los cánones estéticos oficiales, pero sin el cual no habrían sido posibles algunos hitos de nuestra cultura, como L’auca del senyor Esteve de Santiago Rusiñol. La zarzuela catalana fue, pues, un fiel reflejo de los movimientos sociales de nuestro país. En un momento en que la sociedad catalana empezaba a crecer demográficamente, permitió la consolidación del catalán como lengua de cultura, tras un largo período en que el castellano era la lengua pública predominante; y, en los momentos de máxima efervescencia demográfica y política, como reacción a las prohibiciones al catalán por parte de la dictadura de Primo de Rivera, Barcelona llegó incluso a liderar la producción de zarzuelas en toda la península ibérica, gracias sobre todo al fenómeno del Paralelo que fue capaz de atraer a muchos artistas que antes habían tenido su centro creativo en Madrid. La eclosión de la Guerra Civil iría frenando progresivamente aquel fenómeno transversal, para acabar convirtiéndolo en el emblema que imprimiría un injusto sello ideológico al género de la zarzuela, claramente opuesto a la riqueza que había mostrado a lo largo de un siglo el que fue uno de los principales fenómenos culturales en Cataluña. A pesa de todo, se calcula que la calcula que la zarzuela catalana llegó a producir un millar de piezas en nuestra lengua. De estas se conservan más de cuatrocientas en los principales archivos catalanes, y estoy convencido de que entre algunas de estas se esconden enormes tesoros musicales y teatrales. Como punto final, una observación sobre la selección que hemos hecho para este concierto: a pesar de que la mayoría de las piezas que podréis escuchar presentan temáticas aparentemente desenfadadas y amables, me gustaría invitaros a echar una ojeada a los argumentos de las diferentes zarzuelas, para descubrir en ellas los trasfondos a menudo explícitamente políticos y convulsos que ofrecen. Xavier Albertí CONFERENCIA MUSICADA: «Joan Viladomat, compositor universal y maestro de cupletistas» > EL ENTORNO
  • JOAN VILADOMAT, COMPOSITOR UNIVERSAL Y MAESTRO DE CUPLETISTAS
VIAJE A LA BARCELONA LICENCIOSA DE LOS AÑOS 20 RESTAURANTE DEL TNC. 03/10/2014 La neutralidad española durante la Primera Guerra Mundial favoreció el enriquecimiento vertiginoso de una economía productiva que contribuiría al nacimiento de una auténtica industria del espectáculo que tuvo sus momentos dorados durante el frenesí que vivía la Barcelona de la década de 1920. Los escenarios populares, junto con la aparición de una industria radiofónica y cinematográfica, participaron en la definición de un nuevo modelo de ciudad con el que se establecerían los paradigmas recientes de una cultura de masas que aún hoy explica nuestra realidad más inmediata. Joan Viladomat tuvo el olfato de inmortalizar en sus canciones aquel ambiente de cafés, automóviles, gorras proletarias, champán y cocaína, con títulos que darían la vuelta al mundo, como Fumando Espero o el Tango de la Cocaína. En la calle Conde del Asalto –actual Nou de la Rambla– abrió la escuela de variedades La Colosal, que llegaría a ser conocida como «la Ford de los cuplés» por el extraordinario número de chicas que cada año pasaban por ella con la esperanza de hacer fortuna en el mundo del espectáculo catalán. "Quedan las academias. En la calle Nou y sus aledaños. Están al final de un pasillo negro, en un sótano. Pasando por esta calle, a media tarde, oiréis el rumor del piano, el repicar de las castañuelas y una vocecita delgada que desafina. Hay un tablado arrimado a la pared y paquetes de música por el suelo. Retratos de cupletistas y de bailarinas, con faltas de ortografía, pegados a las paredes. Y muchos programas. Allá enseñan el oficio; allí se fabrica el cuplé o el baile de moda. Una de las más acreditadas es la del maestro Viladomat, el cual, hace unos años, era un fabricante de éxitos. Es el autor del fox-trot de Les campanes y del Tango de la Cocaína. Las cupletistas van a su academia a repasar los cuplés; las bailarinas, los bailes. Se quedan, si las hay, con las últimas novedades. El maestro Viladomat es hombre capaz de convertir a una criada cubierta de vello y espinillas en una estrella rutilante con solo un par de lecciones.'' Jaume Passarell, «Del cafè concert primitiu a les acadèmies de varietés», Mirador, 09.04.1931 Con la voluntad de subrayar el carácter público del Teatre Nacional y de hacerlo accesible a colectivos con dificultades especiales, la recaudación de este espectáculo se destinará a proyectos de contenido de social.  

Ficha artística

Con
Antoni Comas, Begoña Alberdi, Núria Dardinyà, Xavier Mendoza, Oriol Genís, Quim Giron (Animal Religion), Christophe (Cie. 220vols)
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    Dirección musical Wanda Pitrowska Dirección escènica Xavier Pujolràs Dramaturgia Albert Arribas Lluïsa Cunillé Josep Maria Miró   Orquestaciones Jordi Cornudella Jordi Nus Xavier Pendon   Iluminación Ignasi Camprodon   Coreografía Roberto G. Alonso   Asistente a la dirección musical Francesc Mora   Voz en off Pep Sais   Sobretitulado Glòria Nogué  
    Orquestra de les Glòries Catalanes Laia Pujolassos - Concertino Anna Bayod - Violín I Nuria Martín - Violín I Aloma Ruiz - Violín I Marta Carceller - Violín II Carles Civera - Violín II Laura Marín - Violín II Eura Fortuny - Viola Maite Abasolo - Viola Cèlia Torres - Violonchelo Mariona Mateu - Contrabajo Camila Mourkarzel - Flauta José M. Martinez - Clarinete Albert Lopeandía - Oboe Marc Solanelles - Trompeta Marina Romo - Trompa Hèctor Penadès - Trombón Mario Garcia - PercusiónProducción
    Producción Teatre Nacional de Catalunya y ESMUC (Escola Superior de Música de Catalunya)

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